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DishNomad.

Habichuelas guisadas.

habichuelas rojas guisadas dominicanas

Habichuelas guisadas· se pronuncia: a-bi-CHUE-las gui-SA-das

Las habichuelas guisadas son habichuelas rojas cocidas en una base de ajo, cebolla y ají hasta que el caldo se vuelve opaco y queda justo lo bastante espeso para verterlo sobre el arroz sin que se escurra del plato. El gesto que las distingue es la auyama: unos dados de calabaza caribeña añadidos pronto, que se deshacen por completo y espesan el líquido desde dentro, sin necesidad de machacar ni triturar nada. El sabor es sabroso y redondo más que punzante: ají cocido y dulce, ajo, orégano seco, algo de tomate y un filo verde del culantro añadido al final. Los dominicanos las comen casi a diario como pieza central de la bandera, y tal como están escritas no llevan nada de carne, lo que sorprende a quien da por hecho que las habichuelas caribeñas siempre se cuecen con cerdo.

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Leer la historia
Una olla de habichuelas rojas guisadas dominicanas en un caldo espeso y anaranjado con trozos de calabaza y cilantro picado
habichuelas rojas guisadas dominicanas
Preparación
15 min
Cocción
40 min
Tiempo total
55 min
Raciones
6
Estado
Fácil
Nutrición / ración · estimado
Calorías 240 kcal
Proteínas 10 g
Hidratos 34 g
Grasas 8 g
Fibra 11 g
Sodio 420 mg

Por qué funciona esta receta.

  • Espesadas con calabaza a la manera dominicana, para que el caldo siga siendo vertible en vez de convertirse en puré.
  • Las hierbas se añaden al final, lo que mantiene el culantro verde y aromático en lugar de cocido hasta la nada.
  • Funciona con habichuelas de lata entre semana o con habichuelas secas un domingo, con tiempos para ambas.
  • Vegana tal como está escrita, sin necesidad del tocino o el jamón que muchas versiones añaden en voz baja.

Ingredientes.

12 elementos
Raciones
6
Mostrando cantidades para 6 raciones

Para el guiso

Para el sofrito

Para terminar

Utensilios

  • Cazuela mediana y pesada
  • Cuchara de madera
  • Cucharón

Elaboración.

  1. Monta el sofrito

    Calienta el aceite de oliva en una cazuela pesada y cocina la cebolla y el ají a fuego medio de 6 a 8 minutos, hasta que se ablanden y queden translúcidos sin dorarse por los bordes. Añade el ajo y cocina un minuto más, hasta que huela dulce en vez de a crudo.

  2. Fríe el concentrado de tomate

    Incorpora el concentrado de tomate y el orégano desmenuzado y fríelos un minuto entero, aplastando el concentrado contra el fondo de la cazuela hasta que pase de rojo vivo a color ladrillo y el aceite de alrededor coja color.

    Consejo Este paso es lo que evita que el guiso terminado sepa aguado y metálico. No lo apresures.

  3. Añade las habichuelas y la calabaza

    Echa las habichuelas con todo su líquido, la calabaza en dados y el agua, y remueve para integrar. Lleva a cocción suave, raspando el concentrado tostado del fondo de la cazuela para que se disuelva en el caldo.

  4. Cuece hasta que la calabaza se deshaga

    Cuece a fuego suave, destapado, de 25 a 30 minutos. La calabaza debe deshacerse al presionarla y el caldo debe pasar de aguado y transparente a opaco y ligeramente brillante.

  5. Comprueba la consistencia

    Aplasta unos trozos de calabaza contra el borde de la cazuela e intégralos. Moja una cuchara: el caldo debe naparla y después caer en hilo. Aflója con agua caliente o cuece unos minutos más según haga falta.

  6. Sazona y termina

    Añade sal y pimienta negra ahora que las habichuelas están completamente blandas, incorpora el culantro y el cilantro y cocina dos minutos más. Sirve con cucharón sobre arroz blanco mientras aún humea.

Consejos de nuestra cocina.

  • Si usas habichuelas de lata, no las escurras. El líquido almidonado de la lata hace parte del trabajo de espesado.
  • Fríe el concentrado de tomate un minuto entero antes de añadir líquido: debe pasar de rojo vivo a color ladrillo y dejar de oler a crudo.
  • Sala solo cuando las habichuelas estén completamente blandas. Salar la legumbre seca demasiado pronto puede dejar las pieles duras, sobre todo si son viejas.
  • Juzga el espesor final con una cuchara: el caldo debe naparla pero caer en un hilo constante, no quedarse pegado en un bulto.
  • Guarda el culantro o el cilantro para los dos últimos minutos. Una cocción larga lo apaga y lo deja soso y vagamente herbáceo.
  • Un trocito de plátano hervido machacado en la olla es el truco de siempre si no tienes calabaza y el caldo sigue aguado.

Sustituciones.

Auyama (calabaza caribeña) Kabocha, calabaza butternut o una patata harinosa pequeña
La butternut es más dulce, así que usa alrededor de un tercio menos. La patata espesa pero no aporta ese leve dulzor.
Culantro Un puñado más grande de cilantro
El culantro es más potente y resinoso, así que usa aproximadamente el triple de cilantro para acercarte.
Habichuelas rojas de lata 250 g de habichuelas secas, en remojo toda la noche y cocidas hasta que estén tiernas
Las habichuelas secas dan mejor caldo. Guarda su agua de cocción y úsala en lugar de agua en el guiso.

Variantes.

Habichuelas negras guisadas
El mismo método con habichuelas negras, que dan un caldo más oscuro y terroso y son especialmente habituales en el este.
Con cerdo ahumado
Un trozo de chuleta de cerdo ahumada o una tira de tocino añadidos con el sofrito: más contundente, habitual los fines de semana, y ya no vegetariano.
Moro de habichuelas
Arroz cocido directamente en las habichuelas sazonadas y su caldo, lo que da un plato único en vez de dos componentes separados.

Conservación & recalentado.

Aguantan 4 días en la nevera y saben mejor al segundo día. El caldo espesa bastante al enfriarse, así que aflójalo con agua caliente al recalentar y vuelve a comprobar la sal después. Se congelan bien 3 meses: congélalas antes de añadir las hierbas frescas e incorpora cilantro o culantro fresco tras recalentar para que el sabor vuelva a estar vivo.

Sirve con

Vertidas sobre arroz blanco con concón, junto a pollo o res guisada y unas rodajas de aguacate.

La historia de Habichuelas guisadas.

Las habichuelas llegaron a las cocinas dominicanas igual que a todo el Caribe hispano —como proteína barata y almacenable cocinada sobre una base de sofrito—, pero el tratamiento dominicano tiene una firma propia. No se machacan, no se trituran y normalmente no llevan tocino. El cuerpo del caldo viene de la calabaza, a veces reforzada con un trozo de plátano hervido o una cucharada de yuca cocida aplastada en la olla, y el resultado es deliberadamente suelto. Está pensado para verterse, no para servirse a cucharadas, porque va a caer sobre un plato de arroz blanco y tiene que calar.

La habichuela roja es la opción por defecto, pero la palabra habichuelas abarca todo un rango: aparecen negras, blancas y rosadas, y el norte del país usa más la pequeña habichuela rosada que la capital. Lo que se mantiene constante es el conjunto de sazón —ajo, cebolla, ají cubanela, una cucharada de concentrado de tomate, orégano seco— y el momento de las hierbas, con el culantro o el cilantro entrando solo al final para que el sabor verde sobreviva.

El plato es tan cotidiano que sus cantidades casi nunca se ponen por escrito. Una cocinera dominicana lo hace mientras se cuece el arroz y se guisa la carne, probando y ajustando el espesor con agua caliente, y da por obvia la consistencia correcta. No es obvia para quien está aprendiendo, y por eso la instrucción útil es visual: el caldo debe napar el dorso de una cuchara pero seguir cayendo en hilo, y cuando un cucharón cae sobre el arroz blanco debe extenderse en vez de quedarse quieto. Más espeso y habrás hecho un puré de legumbre; más líquido y el arroz no lo sostendrá.

Preguntas, respondidas.

¿Qué espesor deben tener las habichuelas guisadas?

Lo bastante sueltas como para verterse. La prueba habitual es la cuchara: el caldo debe napar el dorso pero caer en un hilo constante, no quedarse en un pegote. Recuerda que espesa con el reposo, así que retíralas del fuego algo más sueltas de lo que las quieres. Si se reducen de más, agua caliente y una pizca de sal las devuelven a su punto.

¿Puedo hacerlas sin nada de carne?

Sí, y la versión dominicana de diario normalmente no lleva nada. La profundidad viene de un sofrito bien hecho, del concentrado de tomate frito y del orégano seco, no del cerdo. La carne ahumada es un enriquecimiento de fin de semana, no la base, así que esta receta es genuinamente vegana tal cual está escrita, no una adaptación vegana de otra cosa.

¿Tengo que usar calabaza?

Estrictamente no, pero algo con almidón tiene que deshacerse o el caldo queda aguado. La auyama es la opción tradicional, y una patata harinosa o un trozo de plátano hervido machacado en la olla hacen el mismo trabajo. Como último recurso, saca media taza de habichuelas, aplástalas y devuélvelas a la olla: menos elegante, pero eficaz.

¿Las habichuelas son lo mismo que los frijoles?

Son lo mismo con nombres regionales distintos. Dominicanos, puertorriqueños y cubanos suelen decir habichuelas para la legumbre, mientras que en México y buena parte de Centroamérica se dice frijoles. En la República Dominicana la palabra suele implicar habichuelas rojas salvo que se especifique otro color.

¿Por qué mis habichuelas secas siguen duras tras dos horas?

Normalmente son habichuelas viejas, agua dura, o sal y ácido añadidos demasiado pronto. Una legumbre de más de un año puede no ablandarse nunca del todo. Cuécelas en agua sin sal y sin tomate hasta que estén tiernas, luego sazona, y si tu agua es muy dura prueba con una pizca de bicarbonato en el agua de cocción, pero con moderación: demasiado deja las pieles babosas.

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Receta de The DishNomad Kitchen · publicada el 20 de agosto de 2026 · actualizada el 20 de agosto de 2026